INTERNET PARA CATEQUISTA

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Metodologia de la catequesis

METODOLOGIA DE LA CATEQUESIS

La pedagogía de la fe:
enseñar como Jesús para vivir como El

La catequesis nace de la acción de la Palabra de Dios y vive para anunciarla y transmitirla a los demás.
En la catequesis el evangelio es central. Y el evangelio, sabemos, es una buena noticia que nace de la vida y de la persona de Jesús. Por ello, cuando pensamos en metodología catequística, es decir, las mejores maneras de hacer catequesis, no podemos dejar de partir de la vida.
La pedagogía de Dios nos muestra cómo iniciar y llevar adelante un proceso de aprendizaje, crecimiento y maduración en la fe.
La catequesis asume la tarea de:
• iniciar en la fe y desarrollar un proceso de crecimiento en la fe e inserción en una comunidad concreta.
• anunciar, transmitir y educar en los valores del Evangelio de Jesús, la Buena Noticia que permite vivir actitudes más humanas, fraternas y solidarias, para la construcción del Reino.
Para llevar adelante su tarea los catequistas reconocen a Jesús como modelo a seguir. Su vida nos transmite las claves para invitar, iniciar y profundizar un proceso de crecimiento en la fe. Un camino de fe. Volviendo los ojos a Jesús encontraremos pautas para seguir, condiciones para recrear, opciones para continuar...
En la catequesis, se trata de enseñar como Jesús lo hizo, para vivir como Jesús vivió. La catequesis no es solamente una transmisión de conocimientos sino, especialmente, la transmisión de una fe y una manera de vivir inspirada y animada por el Evangelio.
Por esto, es importante partir siempre de la vida, iluminarla con la Palabra de Dios, expresarla en la oración y en las celebraciones de la comunidad, para volver a la vida y manifestar, con obras y compromisos concretos, esa vida nueva que recibimos por la acción de la Palabra.
La catequesis centrada en Jesús y en su Palabra tendrá como objetivos:
- formar la fe
- invitar a la conversión
- animar la esperanza
- integrar a la comunidad
- promover el compromiso
Para lograrlo es importante:
Partir de la vida
- conocer a nuestros catequizandos
- partir de la situación concreta que se vive y que viven los integrantes del grupo de catequesis.
- analizar la realidad. Hacer una lectura evangélica de los sucesos y de los diferentes aspectos de la vida (social, económico, político, familiar).
Iluminar con la Palabra de Dios
- conocer la Palabra, que es conocer a Jesús, conocer a Dios y a su mensaje.
- leer y meditar la Palabra
- buscar en ella criterios para discernir la realidad y las situaciones que vivimos.
- dejarse interpelar y cuestionar por la Palabra, para generar el cambio interior y la conversión.
Expresar en oración y celebración
- promover la actitud de apertura y escucha a lo que Dios nos habla.
- estimular el diálogo con Dios.
- enseñar la capacidad de ofrecer, dar gracias y pedir en la oración.
- celebrar la vida y la presencia de Dios en la vida.
- promover una vida sacramental vivida en comunidad.
Comprometerse en obras concretas
- promover la expresión del cambio en actitudes, gestos y hechos concretos.
- animar a la solidaridad y la búsqueda de la justicia.
- estimular el compromiso activo, constante, paciente, eficaz en el amor concreto por el otro, especialmente por los que más sufren.
... y el compromiso, la vida de fe concretada en lo cotidiano, la Palabra meditada, orada y celebrada, irán despertando nuevas situaciones de vida, para discernir por donde pasa la vida según el Espiritu, y así continuar un proceso catequístico permanente, para aprender siempre más a ser discípulos y seguidores de Jesús.

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El grupo en la catequesis
Todos tenemos la experiencia de haber integrado grupos en nuestra vida. El ser humano por propia naturaleza tiende a agruparse y reunirse, es una característica constitutiva de la persona humana.
Desde pequeños estamos formando y participando de grupos: el primero, la familia; luego, a medida que crecemos, integramos grupos en la escuela, grupos de amigos, grupos que comparten algún interés común, etc. Es importante diferenciar una reunión de personas de un grupo.
Algunas características sencillas nos ayudarán a clarificarlo:
• Un grupo establece una red de relaciones. En un grupo se dan relaciones entre sus miembros, existe una mutua interdependencia entre sus miembros. Lo que le pasa, vive o dice uno de sus miembros afecta a los demás y viceversa.
• Un grupo tiene objetivos explícitos, compartidos, existe un para qué estar reunidos. El objetivo es, muchas veces, el motor del grupo y lo que fomenta su cohesión y unidad. Pueden existir grupos formados por personas que piensan y son muy diferentes pero que comparten un objetivo común, y el grupo, funcionar muy bien.
Es importante que el objetivo que nuclea al grupo sea transparente, claro, conocido por todos y consensuado, es decir aceptado con buena voluntad por todos.
• Un grupo tiene una cierta permanencia en el tiempo. Esto es muy variable, pues hay grupos que funcionan un lapso corto de tiempo y otros duran toda la vida. Es necesario que el tiempo sea suficiente para permitir la interacción entre sus miembros y el establecimiento de lazos de unión. En los grupos que comparten mucho tiempo esos lazos pueden transformarse en amistad, pero no es necesario que ella existe para formar un grupo.
• En un grupo existen ciertas normas, o acuerdos, que ayudan a relacionarse y guian el trabajo común de todos en pos del objetivo grupal. Normas explícitas y consensuadas ayudan a anticipar los conflictos y colaboran para solucionarlos si aparecen.
Las normas permiten regular la vida, el trabajo y las relaciones del grupo. Existen normas explícitas, que son las que se enuncian y conversan, y también implícitas. Entre las normas implícitas están muchas relacionadas a la forma de trato entre los integrantes del grupo. El respeto, la apertura, el interés por el otro son algunos ejemplos de aspectos del grupo que suelen funcionar bajo normas implícitas. A veces, especialmente en grupos de niños o jóvenes, resulta necesario y oportuno conversar y explicitar verbalmente estas normas implícitas, pues ayuda a las relaciones del grupo.
• La interacción y forma de relacionarse que establecen los miembros de un grupo es una característica importante. Algunas formas de relacionarse son perjudiciales para el funcionamiento grupal, otras, que podemos llamar sanas, contribuyen al crecimiento del grupo y al bienestar de todos sus miembros.
• Los roles que los integrantes de un grupo asumen en el mismo es otra característica importante. Los mismos pueden ser más activos o pasivos, pueden contribuir al bienestar o generar malestar grupal. Los roles están relacionados con el poder y la autoridad dentro de un grupo ("quién puede", "quién conduce", "quién lidera", "quiénes siguen", "quiénes hablan", "quiénes callan", etc.). Si bien los roles están muy relacionados con las características personales de los individuos es importante que en un grupo los roles funcionales (aquellos que tienen alguna responsabilidad o tarea especial) sean rotativos, y se distribuyan de una manera democrática, con participación y acuerdo de todos.
• En un grupo se van entretejiendo las historias personales de sus miembros con la historia grupal que el encuentro va generando. Se forma una trama donde cada integrante queda vinculado e involucrado en un proceso que es común a todos. La historia grupal es un elemento importante en la identidad de un grupo, en especial, en aquellos que llevan tiempo juntos.
Sentido de pertenencia. Todos los miembros del grupo se sienten parte de... Perciben algo que los contiene. Esto permite reconocer al grupo como algo propio y a la vez compartido. La pertenencia genera responsabilidad e interés.
El grupo de fe
Así como al considerar la vida de todos nosotros es inevitable hablar de grupos (pues nuestra vida se desarrolla en y junto a los grupos que integramos), al hablar de catequesis es imprescindible hablar de grupos, también.
La vivencia de la fe es esencialmente grupal. El bautismo, primero de los sacramentos, que nos inicia en la vida de fe, nos integra a un grupo, nuestra comunidad cristiana.
Jesús mismo, formó un grupo de personas para compartir la venida y la fe, al inicio de su predicación, y, nos prometió estar presente cuando haya un grupo reunido en su nombre (Mt. 18, 20).
El grupo de fe tiene todas las características de un grupo humano, pero además tiene otras específicas que le dan identidad propia y que es bueno tener en cuenta para el trabajo catequístico.

"El grupo de fe participa y experimenta las mismas cosas que cualquier otro grupo, por ejemplo, un equipo de fútbol. Un grupo de preadolescentes o de adultos que se juntan para reflexionar sobre su fe viven las mismas realidades humanas que los demás grupos. Entre ellos puede haber incomprensiones, lucha por el poder dentro del grupo, celos, problemas de relaciones, etc.
Pero hay algo diferente que se puede dar en un grupo de fe y que no es esencial en los demás grupos: la manera como se viven las cosas que pasan.
Te pongo un ejemplo que estoy seguro te ayudará a entender lo que quiero decir. Moisés es encargado por Dios de formar un pueblo (un grupo, en definitiva) que salga de la esclavitud de Egipto y camine hacia la tierra de la libertad. Moisés hace lo que Dios le indica y pone en marcha al pueblo. Los que salen de la esclavitud con mucha alegría y euforia se dan cuenta pronto que las cosas no son tan sencillas como parece. Entre ellos empiezan las peleas, las desconfianzas... Vivir en grupo les resulta díficil.
En esto no son originales. Les suceden las mismas cosas que a todos los grupos.
Lo original viene de la manera como viven estos acontecimientos internos del grupo. El grupo aprende a leer estos aconteceres propios del grupo como cosas con mucha importancia, donde se revela la manera de ser que tienen y donde se revela la manera que Dios tiene también de ser. Reflexionando sobre lo que les pasa en la vida de grupo descubren un sentido a sus vidas, y sobre todo descubren la presencia de Dios en sus vidas. El hecho de ser grupo, de llegar a ser pueblo, se hace para ellos algo tan importante que se convierte en lugar donde descubren a Dios y se descubren ellos mismos mucho mejor.
Esta realidad es la que cada grupo de fe está llamado, de alguna manera, a revivir y a rehacer.
El grupo crea un estilo y manera de ser y nos prepara para vivir en la comunidad eclesial rompiendo esquemas de individualismo y abriéndonos a un intercambio de relaciones nuevas."
Animadores de grupos de fe, Deleg. Salesiana de Pastoral Junvenil. Pág. 142, Editorial CCS.


3)
Pistas para la preparación de un encuentro
Preparar un encuentro no es o mismo que dar una clase. Para transmitir la experiencia de fe, y ayudar a que la misma crezca en otras personas es vital el marco de una comunidad.
El primer paso, por consiguiente, para desarrollar un proceso de catequesis, es crear un ambiente comunitario entre las personas que van a compartir el espacio. Esto no es tarea que se consigue de un día para otro. Más aún, la comounidad es una realidad viva, que se alimenta del encuentro entre las personas que la integran, por lo cual puede crecer o decrecer, según sea la experiencia de las personas que la integran.
¿Cómo crear comunidad en el marco de la catequesis?
• Promoviendo el conocimiento personal de los participantes: catequizandos y catequista.
• Ayudando a que cada persona se sienta valorada, respetada e integrada al grupo. Que nadie quede al margen.
• Preocupándonos e interesándonos por la presencia o ausencia de todos.
¿Cómo conseguir esto?
• Inciando los encuentros con algunas preguntas para compartir, que permitan que todos hablen, cuenten algo de su vida, muestren algo de sus intereses, expectativas, deseos, anhelos.
• Generando espacios de comunicación extra-reuniones. Por ejemplo, a través de la visita o el llamado por teléfono de las personas que no asistieron a una reunión.
• A través del reconocimiento explícito del trabajo, la participación, los aportes personales en la reunión, la producción personal en la carpeta o cuaderno.
• El festejo de los cumpleaños, los nacimientos, la celebración de fechas especiales...
Estas simples propuestas, sencillas de implementar ayudan a generar una trama humana sólida e importante para que la Palabra de Dios y el proceso de fe pueda echar raíces sólidas en un grupo humano que vaya creciendo en la conciencia de pequeña comunidad.
¿Cómo preparar un encuentro de catequesis?
• Planificar con tiempo, preparar las reuniones con anticipación es el primer paso para generar encuentro. Esto no quiere decir estar atado a un esquema rígido, inviolable, detallado hasta en sus mínimos momentos. Muchas veces la "ficha" del encuentro se constituye en un cerco a la creatividad, pues termina ahogando la iniciativa personal de los catequistas. Pero no se trata de caer en la improvisación total. Un buen esquema de lo que se va a realizar ayuda a establecer tiempos, recursos, preguntas a utilizar, y colabora para que el catequista tenga claro el objetivo del encuentro, y guíe al grupo para alcanzarlo. Muchos encuentros sin planificación terminan a la deriva, pues se carece de un buen "plano" que anticipe a donde se quiere llegar.
• Incluir en los encuentros espacios para el diálogo, la reflexión conjunta, el compartir grupal, es decir, favorecer la comunicación dentro del grupo. Esto se logra con actividades o preguntas para que el grupo trabaje en conjunto o en pequeños grupitos. La catequesis abre un espacio para comunicar y encontrarse con la Palabra de Dios. El ejercicio del diálogo, de escuchar al otro, de respetar los turnos, de aprender de lo que el otro dice es un aporte valiosísimo para aprender a escuchar la Palabra de Dios. ¿Cómo escuchar a Dios en un grupo humano que no aprende a escucharse entre sí? La catequesis no es un monólogo del catequista, sino una búsqueda compartida, que implica:
- aprender a escuchar;
- aprender a participar;
- aprender a decir lo que uno piensa, lo que se descubre y tiene en el corazón.
• Dar a la Palabra de Dios un lugar central en el encuentro. La lectura de la Palabra de Dios en el encuentro de catequesis debe significar la presencia de Jesús, que se acerca, que comparte nuestra vida, que nos escucha, y que nos habla. Para ir transmitiendo estas vivencias, profundas y complejas, es muy útil ayudarse con signos. Especialmente para los niños el lenguaje simbólico puede ser una excelente puerta de entrada al encuentro con el Señor. En el cuadro de la página siguiente encontramos varias sugerencias para el trabajo con la Palabra en el encuentro.
• Crear un espacio de oración. Esto implica generar un clima, ayudar a distenderse, motivar a hablar en voz alta. Las canciones son una excelente herramienta para introducir los espacios de oración. Es importante enseñar a rezar. Una ayuda para aprender a rezar puede ser escribir las oraciones en tarjetas o papeles. Luego de escritas cada uno puede leer la que escribió o si se colocan todas juntas (y se ofrecen) luego cada integrante puede extraer una al azar y leerla. Esto último tiene dos ventajas para grupos o personas que se inician:
- favorece el aprendizaje porque permite a las personas más tímidas compartir una oración, que al no ser la propia brinda más libertad para decirla.
- y, por otra parte, como todos van a leer y compartir una oración, se asegura que se leerán todas las oraciones escritas.
• Pensar y proponer actividades que tengan en cuenta la situación de los catequizandos. Es decir su edad, sus conocimientos, su cultura, su forma de ser, de sentir, de expresarse. Para evangelizar la vida debemos partir de las situaciones que las personas viven, y esto incluye tener en cuenta sus alegrías, sus tristezas, sus anhelos y esperanzas, sus frustraciones. Partir de la vida e iluminarla con la Palabra son los primeros pasos de la metodología

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